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· Luis Fernando Otero — CEO & Chairman, partner CPO Academy · 6 min de lectura

El CPO que construye la organización que todavía no existe

Editorial: Luis Fernando Otero é parceiro da CPO Academy.

Este artigo reflete sua visão como CEO e Chairman sobre o papel estratégico do CPO — uma perspectiva que dialoga diretamente com o Passo II do Método N+1 Ready® (Business & Strategic Acumen), que trabalha exatamente essa transição: de gestora operacional de RH para voz estratégica na mesa de decisão.

Luis Fernando Otero, socio estratégico de CPO Academy, sentado en traje azul
Luis Fernando Otero — socio estratégico de CPO Academy.

Uno de los mantras que he repetido a lo largo de mi carrera como Chairman es que el trabajo central de un CEO no es administrar la compañía de hoy, es configurar la organización de mañana, la que todavía no existe. Esa organización se busca, se refina y se construye junto a una coalición crítica de líderes, con un propósito de fondo que no cambia: crecimiento rentable y sostenido en el tiempo.

El trabajo del CEO no es administrar la compañía de hoy, es configurar la que todavía no existe.

En contravía de ese proceso está la compañía que se reinventa cada trimestre porque el resultado de hoy pesa más que el de mañana. Jim Collins describe la diferencia entre las compañías que construyen impulso acumulado — lo que él llama el flywheel, ese disco pesado que cuesta mover al principio pero que gana velocidad propia con cada vuelta acumulada — y las que viven atrapadas en reacciones inmediatas, empujando en una dirección distinta cada pocos meses sin que ningún esfuerzo llegue a acumularse en ventaja real. Cuando cada vez es más difícil sostener una línea estratégica sólida, casi siempre es la señal de que una compañía dejó de girar el flywheel y empezó a empujarlo de nuevo desde cero, una y otra vez.

Cuando cada trimestre es más difícil sostener la estrategia, la compañía dejó de girar el flywheel y empezó a empujarlo desde cero.

En ese contexto escucho, en tantos power points y discursos corporativos, la misma frase: nuestro talento es diferencial, nuestra gente hace las cosas posibles. Son frases verdaderas mientras el resultado acompaña. En la primera crisis, se convierten en una línea del estado de resultados, un número que hay que recortar.

Nuestra gente es diferencial, hasta la primera crisis. Ahí se convierte en una línea del estado de resultados.

Ahí aparece la pregunta que de verdad importa: ¿cuál es el valor diferencial de un Chief People Officer? Lo que he visto, con más frecuencia de la que quisiera, es un gerente de recursos humanos cómodo procesando el Excel de ahorros, corriendo simulaciones de mejora de EBITDA presente, en lugar de evaluar con conciencia plena el impacto de esa decisión sobre la estrategia, las capacidades y los sistemas de gestión de la compañía. Roger Martin es preciso en esto: la estrategia no es el plan ni el número que resulta de ejecutarlo, es la elección sobre dónde jugar, cómo ganar, qué capacidades hay que construir y qué sistemas de gestión sostienen esa elección en el tiempo. Cuando un CPO reduce su rol a la aritmética del ahorro, dejó de estar en la conversación de estrategia sin que nadie se lo dijera.

Lo que separa a un CPO de un gerente de recursos humanos no es el título, es la capacidad de entender y de disentir. De comprender, con la misma claridad con que un CFO lee un balance, cuándo un recorte está sacrificando músculo organizacional. Cada vez que se corta una capacidad estratégica se abre una grieta en la muralla de la ventaja competitiva. Cada vez que se simplifican los sistemas de gestión hasta volverlos mecanismos de confirmación en lugar de espacios de divergencia, de análisis y de refinamiento, la compañía pierde la maquinaria con la que elige mejor. Ese deterioro no aparece en el ahorro del mes siguiente. Aparece dieciocho meses después, en el crecimiento que no llegó, en el liderazgo debilitado y en la incoherencia entre lo que se dice en la pared de la compañía y lo que se hace en la sala de decisiones.

Cada vez que se corta una capacidad estratégica se abre una grieta en la muralla de la ventaja competitiva.

Jim Collins insiste en que antes de decidir hacia dónde va el bus hay que decidir quién va sentado en él. Un CPO que entiende la estrategia en profundidad es, exactamente, el guardián de esa idea dentro del liderazgo. Es el aliado que se sienta con el CEO a debatir la conveniencia real de una decisión de talento, no el que la ejecuta después de que otros la tomaron sin él. Cuando un CFO logra opinar sobre talento desde una hoja de cálculo con más autoridad que el propio CPO, no es porque el CFO haya invadido un territorio ajeno. Es porque el CPO dejó un espacio vacío, y en ese espacio se fue el equipo de liderazgo, se fue la cultura y se fue la coherencia entre lo declarado y lo vivido.

Cuando el CFO opina de talento con más autoridad que el propio CPO, no invadió un territorio ajeno. El CPO dejó un espacio vacío, y ahí se fue el equipo de liderazgo, la cultura y la coherencia entre lo declarado y lo vivido.

Ahí está, en realidad, la oportunidad más grande que tiene un buen CPO hoy. No es un rol de soporte que se limita a ejecutar lo que otros deciden. Es la posición desde la cual se protege el flywheel que describe Collins y se defiende, con la disciplina de un líder determinado, cada elección que ha hecho el leadership team. Un CPO que entiende esto deja de estar en la mesa por cortesía y empieza a estar ahí porque el CEO lo necesita para construir, con la misma exigencia con la que se construye una estrategia de mercado, la organización que todavía no existe.

¿Está lista para operar como ejecutivo, y no solo para ocupar el cargo?

Diagnóstico Executive Readiness
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